Mientras el padre de Enric rebuscaba y lanzaba ropa desde
dentro del contenedor, la madre metía en una bolsa un par de zapatos sin
cordones, una camisa de rayas sin botones y unos pantalones verdes con un
agujero en un camal. En silencio, el pequeño Enric miraba la escena, temiendo
que aquello fuera el disfraz que le habían prometido sus padres para el
colegio.
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