martes, 25 de febrero de 2014

Del llanto a la risa

Otra vez la misma escena de siempre: su cabeza inclinada hacia delante y los brazos cruzados sobre su pecho mientras sus estrechos hombros se agitaban nerviosamente; su flequillo le tapaba su fea cara que debía de sonrojarse y arrugarse; por su aguileña nariz lanzaba molestos silbidos y todo su raquítico cuerpo temblaba. 
Me acerqué a ella y la envolví con mis brazos. Le susurré que sentía haberla culpado por lo de la mancha en el mantel, que no era para tanto, que la amaba y que siempre estaríamos juntos. En mi pecho notaba como su respiración se agitaba y ella se estremecía cada vez más fuerte, hasta que rompió en carcajadas.

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