Detuve mi paseo frente al escaparate de guitarras. No
volvería a entrar para preguntar precios. Al día siguiente marchaba hacia Lyon.
Una moto petardeaba a mis espaldas. En el reflejo del cristal vi a Claudia que
se agarraba a ese tío de botas marrones y pantalones de cuero. En julio. El
semáforo cambió a verde y giraron en la siguiente calle. Intenté atajar por el
callejón pero al salir de él resbalé. Con la mirada fija en la moto que pasaba
frente a mí grité su nombre. Claudia me miró y su sonrisa me invitó a seguir
corriendo.
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