Carmen suspiró profundamente y fue a la cocina a por dos
cubiertos, dos vasos y dos platos más. Sacó del congelador una bolsa con
croquetas y abrió una lata de berberechos. Regresó al salón, donde esperaban sentados
en el sofá Ana y Javier, y puso los nuevos cubiertos sobre la mesa junto con su
cena: un cuenco de sopa, un plato de pollo a la plancha, una manzana, un vaso
de agua y tres pastillas de colores, mientras se indignaba pensando:
- Estos siempre hacen igual. Vienen cada sábado justamente
a la hora de la cena, se acomodan y ahí se quedan esperando a que les diga que
se queden a cenar.
Disimuladamente, Ana acercó su pierna hacia la de Javier
para avisarle de que esta vez le tocaba a él. Entonces, este preguntó:
- Carmen, ¿te animas hoy a salir a tomar algo?
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