El
jefe de los transportistas llegó al punto de la carretera de Alicante desde
donde un ciclista había llamado porque el conductor del camión que ahora se
encontraba abandonado en la cuneta le había robado la bicicleta mientras
paseaba. El jefe de los transportistas se dirigió al ciclista:
- Le
agradezco que se haya puesto en contacto con nosotros.
- Creí
que debía hacerlo, aunque por un momento fue tentador poder haberme quedado con
la mercancía, al menos con parte de ella. Ya me entiende.
- Sí,
claro. Pero no le quepa duda que ha tomado la mejor opción.
- Pero
imagínese mi desconcierto ante la situación. Además, quería comentarles que en
cuanto a mi bici…
- Perfectamente.
Aún sigo sin creer qué es lo que le pudo pasar por la mente a Ginés, bueno al
transportista.
- ¿Ese
tal Ginés es compañero suyo?
-Lo
es desde hace muchos años. De hecho él llevaba más tiempo en la empresa que yo.
Yo entré hace doce años, si no recuerdo mal. Sí, fueron hace doce porque me
cogieron un año antes de que me casara. Pues… sí, por aquel entonces. A pesar
de todo ese tiempo trabajando en la misma empresa no llegamos a ser amigos,
aunque si hubiésemos tenido más trato estoy seguro que hubiéramos echo muy
buenas migas. Ginés es una buena persona pero de hábitos muy particulares. Que
yo sepa no tenía una vida asentada, no solía comentar nada sobre amigos suyos y
creía presumir que la libertad invadía todos los aspectos de su vida. Por eso
mismo eligió este tipo de trabajo y disfrutaba con él. Por lo que me han
contado de él, entró en la empresa como cargador de camiones, vamos, de machaca.
Así estuvo un año hasta que se presentó un día en la oficina del jefe con una
sonrisa y su cartera de bolsillo desplegada. En ella mostraba su nuevo carné de
conductor de camiones con cabina. El chico tenía las cosas claras y la mayor
parte del dinero que sacaba de romperse la espalda durante diez horas al día lo
invertía en prácticas de camión. Hasta ese momento nadie supo que estaba yendo
a la academia y, al parecer fue una sorpresa, sobre todo para el jefe que lo
tenía por un simple mozo de almacén conformón y que lo tendría en ese puesto
hasta que se le terminara las prórrogas de los contratos. Imagínese cómo tuvo
que descolocar al personal que sin responderle ninguna negativa le ofrecieron
al día siguiente un contrato como transportista. Por aquel entonces sólo había
un hombre que llevaba camiones con cabina y fue con él con quien Ginés estuvo
durante un par de meses aprendiendo las rutas internacionales de la empresa.
-
¿Entonces este camión iba hacia el extranjero?
-
Ahora no, pero hace quince años las cosas funcionaban muy bien para el mueble
español en Europa. Por aquel entonces, nuestro comercio del mueble se expandió por los países del Este llegando hasta Rusia.
Este tipo de viajes implicaba una vida esclava en el camión y te privaba de dormir
en tu casa salvo algunos sábados y domingos. Pero Ginés parecía disfrutar con
ese tipo de trabajo. Pronto lo propusieron para que cubriera las autopistas del
Este de Europa. De esta forma, al otro transportista, que no recuerdo su nombre…
ya se jubiló hace años, le ofrecieron otros destinos más cercanos a su casa. Y
bien que lo agradeció. Ginés era una persona muy comprometida con su trabajo y
satisfecha. Con el dinero que ganaba se compró un piso que amuebló rápidamente
aprovechando los descuentos ofrecidos a nuestros clientes y trabajadores. Su
hermana le aconsejó en la decoración y en la selección del mobiliario y finalmente
fue ella quien le sacó más partido a la vivienda que el propio Ginés. Esta se
iba allí a limpiarle un poco el polvo que se acumulaba por la falta de uso y de
paso se llevaba al novio alguna que otra noche.
- Pero
me ha dicho que este camión ya no tenía destinos internacionales, ¿de dónde
venía?
- Cierto.
Yo entré en la empresa cuando Ginés ya llevaba cuatro años quemando el asfalto
de Moscú, Tallin, Riga, Minsk y Varsovia. Alemania, Francia e Italia fueron
destinos más cercanos que le fueron asignados a Ginés cuando nuestros muebles
empezaron a sufrir un creciente rechazo al no poder competir con los de los
escandinavos. Y fue muy difícil mantener aquel territorio. Por allí tenían
grandes bosques aún sin explotar y la cercanía de la materia prima y la
fabricación de muebles con una madera acostumbrada al frio era más adecuada
para abastecer a toda aquella zona. Así que el sector del mueble tuvo que
sufrir una regresión y buscarse un nicho en centro Europa. En aquella época, en
la empresa ya había cuatro transportistas internacionales de los cuales Ginés
era el más veterano. De vez en cuando tuvo que hacer de mentor de la misma
forma que hicieron con él, pasando uno o dos meses con el recién llegado. Sabe,
gracias a estos chicos pudimos llegar a saber más de Ginés. Habían pasado
veinticuatro horas al día con él durante más de cuarenta días. Era muy tentador
intentar sacarles información. Aquellos que fueron acompañantes de Ginés
coincidían en que era un tipo muy reservado en lo que respectaba a su vida
privada. Yo creo que como no tenía no podía contar nada de ella. Sin embargo,
hablaba continuamente de los sitios que había visitado. Claro, todos los viajes
los realizó trabajando con el camión porque nunca llegó a tomarse unas largas
vacaciones, alguna semana pero nunca todo el mes de agosto de vacaciones como
hacemos los demás en la empresa. Los chicos nuevos también decían que Ginés se
defendía muy sobradamente con el ruso y el alemán; que siempre tenía la radio
puesta en cualquier emisora local por donde pasara y que con mucha atención
solía repetir las palabras que pillaba de los noticiarios. A los chichos les
enseñaba todos los restaurantes de carretera mejores para comer; los metía por
nuevas rutas que podían ahorrar algo de combustible además de variar las
vistas, ya que uno llega a aburrirse después de varios meses realizando el mismo
recorrido semana a semana. Eso era lo que más deseaba evitar Ginés, aburrirse.
Siempre aportaba algo en su rutina que hacía cada viaje diferente del resto.
Orgulloso, le enseñaba a los chicos que cada día debían de conocer a una nueva
persona, al menos cruzar unas palabras con alguien desconocido, aunque
simplemente fuera el saludo. La mente de Ginés hacía que el trabajo dejara de
ser rutinario, memorizaba cada cara nueva después de haber entablado una
conversación e intentaba recordar su nombre porque sabía que se volverían a
encontrar. El mundo del transporte es aparentemente grande pero acabas
cruzándote con las mismas personas en los diferentes bares y clubs. Es muy
gratificante que una persona que tan solo has visto una vez te reconozca, vaya
a saludarte y diga tu nombre. Ginés vivía solo como nosotros lo entendemos,
pero él llevaba una vida plenamente social. Ahora… contándole esto me doy
cuenta de que estaba equivocado y que aunque nosotros creyéramos que no hablaba
de su vida privada con nadie, no debe ser así. A veces es más fácil hablar de
uno mismo y más confiadamente con una persona que no conoces que con cualquier
compañero tuyo que ves todos los días. Y es que es así, somos así. En el
trabajo, si sabes algo de otro compañero tardas diez minutos en contárselo a
otro. Sin embargo, entre dos desconocidos cuyas vidas probablemente no vayan a
cruzarse de nuevo existe un compromiso no pactado.
-Puede
que tenga razón… Tal vez debería hablar con la Guardia Civil y decir lo de la
bici…
-Será
casualidad, pero de entre todos los transportistas que han pasado por esta
empresa, al menos los que yo he conocido, aquellos que han sido instruidos por
Ginés han aguantado más en el trabajo y han dado menos problemas. Digo
problemas en cuanto a quejas o peticiones de cambios de destinos o incluso a la
hora del seguimiento de sus rutas.
-¿Qué
quiere decir con el seguimiento de rutas?
-Específicamente
yo me encargaba de establecer las rutas de cada camión por un sistema GPS. Esta
tecnología la aplicamos hace unos cinco años y aunque el objetivo principal es
proporcionar la ruta más segura, económica y rápida a los chicos, también sirve
para ver por qué puntos han pasado, cuanto tiempo han permanecido parados y si
se han desviado en algún momento de la ruta inicialmente señalada.
-Entonces
están totalmente vigilados. Pero si dice que el tal Ginés solía ir por una ruta
diferente cada semana… ¿no lo sabía?
-Todos
los camiones lo tienen incorporado y los mismos transportistas deben encenderlo
cada vez que inician la marcha. Claro que lo sabía. Lo que ocurría es que Ginés
era el más veterano y como tal siempre hay ciertas concesiones, sobre todo si después
de todo hacen bien su trabajo. De todas formas hasta hace un año era yo el
responsable de la programación y del seguimiento de cada unidad de transporte…
quiero decir de cada camión, que a veces no sé cómo hablar, porque de toda la
vida se ha dicho que el que conduce un camión es un camionero y ahora si dices
eso en vez de transportista se ofenden. Ahora es otro tío el que controla el
sistema de seguimiento por GPS. El problema viene que como nuevo que es quiere
hacer las cosas tal y cómo pone en los manuales y da parte de todo aquello que
se sale de lo establecido. Así que cuando veía que Ginés tomaba una ruta
diferente cada semana le hacía un parte. Irremediablemente a Ginés le llamaron
la atención y le advirtieron que se ciñera a su ruta para evitar pérdidas de
tiempo y al final y al cabo pérdidas económicas. Junto con esto, el comercio
exterior se resentía cada vez más y retiraron dos de los cuatro camiones
internacionales, entre ellos el de Ginés. Con la excusa del aprecio del trabajo
realizado hasta ese momento en la empresa, la dirección creyó oportuno
concederle la ruta Mediterránea que abarca desde Cataluña hasta Murcia. Le
persuadieron con que de esa forma podría dormir en casa cada noche.
-Es
un buen cambio entonces, después de tantos años durmiendo en un camión.
-Le
cuento cual era su nueva ruta y usted juzgue por sí mismo. De Alicante tenía
que salir dirección Murcia, desde aquí empezaría el reparto desde el norte
hacia el sur, es decir subiendo hasta Barcelona atravesando Albacete, Cuenca,
Lérida. Una vez hecho el reparto en Barcelona bajaría a Tarragona, Castellón y
Valencia hasta llegar de nuevo a Alicante. Saliendo a las seis de la mañana y
sin ningún percance podría llegar al almacén cerca de las seis de la tarde.
Imagínese el ritmo al que tenía que ir teniendo en cuenta que algunos almacenes
de destino no están a las afueras de la ciudad y todo ello bajo vigilancia
constante por GPS. Aunque Ginés hubiese tenido la libertad de salirse de la
ruta alguna que otra vez, el horario tan ajustado de las entregas no dejaba
espacio para improvisaciones y recreaciones en el paisaje. Y hasta hace unos
tres meses, debido a que su camión pasaba por Albacete y Teruel se decidió que
las entregas se ampliaran abarcando el tercio este de la Península, mientras
que otros tres compañeros se encargaban de los otros dos tercios. Ginés tenía que
llegar al almacén para cargar el camión a las cuatro y media de la mañana para
poder estar de nuevo en casa a las ocho de la tarde pasadas.
-Es
escandaloso. Realmente me pregunto cómo no estalló antes.
-Y qué
dice usted, ¿que le quitó la bici dejando el camión en marcha en la cuneta?
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