martes, 25 de febrero de 2014

Del llanto a la risa

Otra vez la misma escena de siempre: su cabeza inclinada hacia delante y los brazos cruzados sobre su pecho mientras sus estrechos hombros se agitaban nerviosamente; su flequillo le tapaba su fea cara que debía de sonrojarse y arrugarse; por su aguileña nariz lanzaba molestos silbidos y todo su raquítico cuerpo temblaba. 
Me acerqué a ella y la envolví con mis brazos. Le susurré que sentía haberla culpado por lo de la mancha en el mantel, que no era para tanto, que la amaba y que siempre estaríamos juntos. En mi pecho notaba como su respiración se agitaba y ella se estremecía cada vez más fuerte, hasta que rompió en carcajadas.

jueves, 13 de febrero de 2014

La visita impertinente

Carmen suspiró profundamente y fue a la cocina a por dos cubiertos, dos vasos y dos platos más. Sacó del congelador una bolsa con croquetas y abrió una lata de berberechos. Regresó al salón, donde esperaban sentados en el sofá Ana y Javier, y puso los nuevos cubiertos sobre la mesa junto con su cena: un cuenco de sopa, un plato de pollo a la plancha, una manzana, un vaso de agua y tres pastillas de colores, mientras se indignaba pensando:

   - Estos siempre hacen igual. Vienen cada sábado justamente a la hora de la cena, se acomodan y ahí se quedan esperando a que les diga que se queden a cenar.

Disimuladamente, Ana acercó su pierna hacia la de Javier para avisarle de que esta vez le tocaba a él. Entonces, este preguntó:

   - Carmen, ¿te animas hoy a salir a tomar algo?