martes, 31 de diciembre de 2013

Escapando de la rutina

El jefe de los transportistas llegó al punto de la carretera de Alicante desde donde un ciclista había llamado porque el conductor del camión que ahora se encontraba abandonado en la cuneta le había robado la bicicleta mientras paseaba. El jefe de los transportistas se dirigió al ciclista:

- Le agradezco que se haya puesto en contacto con nosotros.

- Creí que debía hacerlo, aunque por un momento fue tentador poder haberme quedado con la mercancía, al menos con parte de ella. Ya me entiende.

- Sí, claro. Pero no le quepa duda que ha tomado la mejor opción.

- Pero imagínese mi desconcierto ante la situación. Además, quería comentarles que en cuanto a mi bici…

- Perfectamente. Aún sigo sin creer qué es lo que le pudo pasar por la mente a Ginés, bueno al transportista.

- ¿Ese tal Ginés es compañero suyo?

-Lo es desde hace muchos años. De hecho él llevaba más tiempo en la empresa que yo. Yo entré hace doce años, si no recuerdo mal. Sí, fueron hace doce porque me cogieron un año antes de que me casara. Pues… sí, por aquel entonces. A pesar de todo ese tiempo trabajando en la misma empresa no llegamos a ser amigos, aunque si hubiésemos tenido más trato estoy seguro que hubiéramos echo muy buenas migas. Ginés es una buena persona pero de hábitos muy particulares. Que yo sepa no tenía una vida asentada, no solía comentar nada sobre amigos suyos y creía presumir que la libertad invadía todos los aspectos de su vida. Por eso mismo eligió este tipo de trabajo y disfrutaba con él. Por lo que me han contado de él, entró en la empresa como cargador de camiones, vamos, de machaca. Así estuvo un año hasta que se presentó un día en la oficina del jefe con una sonrisa y su cartera de bolsillo desplegada. En ella mostraba su nuevo carné de conductor de camiones con cabina. El chico tenía las cosas claras y la mayor parte del dinero que sacaba de romperse la espalda durante diez horas al día lo invertía en prácticas de camión. Hasta ese momento nadie supo que estaba yendo a la academia y, al parecer fue una sorpresa, sobre todo para el jefe que lo tenía por un simple mozo de almacén conformón y que lo tendría en ese puesto hasta que se le terminara las prórrogas de los contratos. Imagínese cómo tuvo que descolocar al personal que sin responderle ninguna negativa le ofrecieron al día siguiente un contrato como transportista. Por aquel entonces sólo había un hombre que llevaba camiones con cabina y fue con él con quien Ginés estuvo durante un par de meses aprendiendo las rutas internacionales de la empresa.

- ¿Entonces este camión iba hacia el extranjero?

- Ahora no, pero hace quince años las cosas funcionaban muy bien para el mueble español en Europa. Por aquel entonces, nuestro comercio del mueble se expandió  por los países del Este llegando hasta Rusia. Este tipo de viajes implicaba una vida esclava en el camión y te privaba de dormir en tu casa salvo algunos sábados y domingos. Pero Ginés parecía disfrutar con ese tipo de trabajo. Pronto lo propusieron para que cubriera las autopistas del Este de Europa. De esta forma, al otro transportista, que no recuerdo su nombre… ya se jubiló hace años, le ofrecieron otros destinos más cercanos a su casa. Y bien que lo agradeció. Ginés era una persona muy comprometida con su trabajo y satisfecha. Con el dinero que ganaba se compró un piso que amuebló rápidamente aprovechando los descuentos ofrecidos a nuestros clientes y trabajadores. Su hermana le aconsejó en la decoración y en la selección del mobiliario y finalmente fue ella quien le sacó más partido a la vivienda que el propio Ginés. Esta se iba allí a limpiarle un poco el polvo que se acumulaba por la falta de uso y de paso se llevaba al novio alguna que otra noche.

- Pero me ha dicho que este camión ya no tenía destinos internacionales, ¿de dónde venía?

- Cierto. Yo entré en la empresa cuando Ginés ya llevaba cuatro años quemando el asfalto de Moscú, Tallin, Riga, Minsk y Varsovia. Alemania, Francia e Italia fueron destinos más cercanos que le fueron asignados a Ginés cuando nuestros muebles empezaron a sufrir un creciente rechazo al no poder competir con los de los escandinavos. Y fue muy difícil mantener aquel territorio. Por allí tenían grandes bosques aún sin explotar y la cercanía de la materia prima y la fabricación de muebles con una madera acostumbrada al frio era más adecuada para abastecer a toda aquella zona. Así que el sector del mueble tuvo que sufrir una regresión y buscarse un nicho en centro Europa. En aquella época, en la empresa ya había cuatro transportistas internacionales de los cuales Ginés era el más veterano. De vez en cuando tuvo que hacer de mentor de la misma forma que hicieron con él, pasando uno o dos meses con el recién llegado. Sabe, gracias a estos chicos pudimos llegar a saber más de Ginés. Habían pasado veinticuatro horas al día con él durante más de cuarenta días. Era muy tentador intentar sacarles información. Aquellos que fueron acompañantes de Ginés coincidían en que era un tipo muy reservado en lo que respectaba a su vida privada. Yo creo que como no tenía no podía contar nada de ella. Sin embargo, hablaba continuamente de los sitios que había visitado. Claro, todos los viajes los realizó trabajando con el camión porque nunca llegó a tomarse unas largas vacaciones, alguna semana pero nunca todo el mes de agosto de vacaciones como hacemos los demás en la empresa. Los chicos nuevos también decían que Ginés se defendía muy sobradamente con el ruso y el alemán; que siempre tenía la radio puesta en cualquier emisora local por donde pasara y que con mucha atención solía repetir las palabras que pillaba de los noticiarios. A los chichos les enseñaba todos los restaurantes de carretera mejores para comer; los metía por nuevas rutas que podían ahorrar algo de combustible además de variar las vistas, ya que uno llega a aburrirse después de varios meses realizando el mismo recorrido semana a semana. Eso era lo que más deseaba evitar Ginés, aburrirse. Siempre aportaba algo en su rutina que hacía cada viaje diferente del resto. Orgulloso, le enseñaba a los chicos que cada día debían de conocer a una nueva persona, al menos cruzar unas palabras con alguien desconocido, aunque simplemente fuera el saludo. La mente de Ginés hacía que el trabajo dejara de ser rutinario, memorizaba cada cara nueva después de haber entablado una conversación e intentaba recordar su nombre porque sabía que se volverían a encontrar. El mundo del transporte es aparentemente grande pero acabas cruzándote con las mismas personas en los diferentes bares y clubs. Es muy gratificante que una persona que tan solo has visto una vez te reconozca, vaya a saludarte y diga tu nombre. Ginés vivía solo como nosotros lo entendemos, pero él llevaba una vida plenamente social. Ahora… contándole esto me doy cuenta de que estaba equivocado y que aunque nosotros creyéramos que no hablaba de su vida privada con nadie, no debe ser así. A veces es más fácil hablar de uno mismo y más confiadamente con una persona que no conoces que con cualquier compañero tuyo que ves todos los días. Y es que es así, somos así. En el trabajo, si sabes algo de otro compañero tardas diez minutos en contárselo a otro. Sin embargo, entre dos desconocidos cuyas vidas probablemente no vayan a cruzarse de nuevo existe un compromiso no pactado.

-Puede que tenga razón… Tal vez debería hablar con la Guardia Civil y decir lo de la bici…

-Será casualidad, pero de entre todos los transportistas que han pasado por esta empresa, al menos los que yo he conocido, aquellos que han sido instruidos por Ginés han aguantado más en el trabajo y han dado menos problemas. Digo problemas en cuanto a quejas o peticiones de cambios de destinos o incluso a la hora del seguimiento de sus rutas.

-¿Qué quiere decir con el seguimiento de rutas?

-Específicamente yo me encargaba de establecer las rutas de cada camión por un sistema GPS. Esta tecnología la aplicamos hace unos cinco años y aunque el objetivo principal es proporcionar la ruta más segura, económica y rápida a los chicos, también sirve para ver por qué puntos han pasado, cuanto tiempo han permanecido parados y si se han desviado en algún momento de la ruta inicialmente señalada.

-Entonces están totalmente vigilados. Pero si dice que el tal Ginés solía ir por una ruta diferente cada semana… ¿no lo sabía?

-Todos los camiones lo tienen incorporado y los mismos transportistas deben encenderlo cada vez que inician la marcha. Claro que lo sabía. Lo que ocurría es que Ginés era el más veterano y como tal siempre hay ciertas concesiones, sobre todo si después de todo hacen bien su trabajo. De todas formas hasta hace un año era yo el responsable de la programación y del seguimiento de cada unidad de transporte… quiero decir de cada camión, que a veces no sé cómo hablar, porque de toda la vida se ha dicho que el que conduce un camión es un camionero y ahora si dices eso en vez de transportista se ofenden. Ahora es otro tío el que controla el sistema de seguimiento por GPS. El problema viene que como nuevo que es quiere hacer las cosas tal y cómo pone en los manuales y da parte de todo aquello que se sale de lo establecido. Así que cuando veía que Ginés tomaba una ruta diferente cada semana le hacía un parte. Irremediablemente a Ginés le llamaron la atención y le advirtieron que se ciñera a su ruta para evitar pérdidas de tiempo y al final y al cabo pérdidas económicas. Junto con esto, el comercio exterior se resentía cada vez más y retiraron dos de los cuatro camiones internacionales, entre ellos el de Ginés. Con la excusa del aprecio del trabajo realizado hasta ese momento en la empresa, la dirección creyó oportuno concederle la ruta Mediterránea que abarca desde Cataluña hasta Murcia. Le persuadieron con que de esa forma podría dormir en casa cada noche.

-Es un buen cambio entonces, después de tantos años durmiendo en un camión.

-Le cuento cual era su nueva ruta y usted juzgue por sí mismo. De Alicante tenía que salir dirección Murcia, desde aquí empezaría el reparto desde el norte hacia el sur, es decir subiendo hasta Barcelona atravesando Albacete, Cuenca, Lérida. Una vez hecho el reparto en Barcelona bajaría a Tarragona, Castellón y Valencia hasta llegar de nuevo a Alicante. Saliendo a las seis de la mañana y sin ningún percance podría llegar al almacén cerca de las seis de la tarde. Imagínese el ritmo al que tenía que ir teniendo en cuenta que algunos almacenes de destino no están a las afueras de la ciudad y todo ello bajo vigilancia constante por GPS. Aunque Ginés hubiese tenido la libertad de salirse de la ruta alguna que otra vez, el horario tan ajustado de las entregas no dejaba espacio para improvisaciones y recreaciones en el paisaje. Y hasta hace unos tres meses, debido a que su camión pasaba por Albacete y Teruel se decidió que las entregas se ampliaran abarcando el tercio este de la Península, mientras que otros tres compañeros se encargaban de los otros dos tercios. Ginés tenía que llegar al almacén para cargar el camión a las cuatro y media de la mañana para poder estar de nuevo en casa a las ocho de la tarde pasadas.

-Es escandaloso. Realmente me pregunto cómo no estalló antes.

-Y qué dice usted, ¿que le quitó la bici dejando el camión en marcha en la cuneta?