- - No, claro que no queremos que te vayas. Te
alcanzarán.
- - Pero necesitamos más leña!
El reflejo de varias miradas lobunas se deslizaba en la
oscuridad, alrededor del grupo. Los chicos se frotaban las manos, se
acurrucaban, golpeaban el suelo con los pies o se abrazaban para sacudirse el
frío del miedo.
-
- Lo siento... Adiós.
Al momento, un aullido lejano. Los brillantes ojos desaparecieron
y se desató un frenético pisoteo que se alejaba. El grupo (miradas al suelo) se
mantuvo en silencio en torno a un inminente fuego extinto.